REBELDÍA POLÍTICA DE LAS DERECHAS Y SU MODELO

La Nueva izquierda ha encontrado formas prácticas de renovar su discurso y vehicular su edulcorado modelo, ahora es momento de la Nueva Derecha. ¿Por que es tan importante el modelo para un movimiento?, la nueva izquierda a venido construyendo relatos atractivos y románticos, en esto lleva una gran ventaja, sin embargo La Nueva Derecha puede hacerlo también, puede beber de Autores Liberales Clásicos, reencontrarse en la pluma de varios Economistas y filósofos austriacos. Tomaremos en seguida cómo gran ejemplo a Erns Jünger y su Ensayo Político titulado LA EMBOSCADURA, este fue mencionado por Agustín Laje en el final de su Libro La generación Idiota ¿Por que?. Lee las líneas a continuación extraídas textualmente de su último Libro – La Generación Idiota.

Ciertamente, el modelo de la rebeldía política de las derechas no lo proveen Deleuze y Guattari, ni Foucault, ni versiones más inmediatas y deudoras de aquellos como Preciado y sus afines. Ese modelo hay que buscarlo en otra parte. Propongo encontrarlo en Ernst Jünger. Su Emboscado es quien ha partido hacia el bosque. El bosque es una metáfora de resistencia y libertad. Su viaje parte de una negación; por eso estamos frente a un rebelde. Allí donde todos dicen sí, «Yo he dicho «no»». Esta negativa puede que no cambie los resultados políticos inmediatos, pero ha cambiado de manera inmediata a quien tiene el oraje de decir «no»: lo singulariza, lo extirpa de la masa, o abre a la libertad. La negativa que se profiere no toma la forma del nihilismo, sino todo lo contrario. Tampoco anima al emboscado una voluntad de desenraizarse: lo que busca es el árbol y no el rizoma. Al emboscado lo han subido a una nave en la que todo es puro movimiento, pero a él lo mueve la voluntad de lo que permanece, o sea, lo que está enraizado en el bosque.

«La nave significa el ser temporal; el bosque, el ser sobre temporal. En esta épica nuestra, que es una época nihilista, se acrecienta la ilusión óptica que parece multiplicar las cosas que se mueven, en menoscabo de las cosas que están quietas. En verdad, todos los poderes técnicos que hoy están desplegándose son un brillo fugaz que viene de las cámaras que guardan los tesoros del Ser. El hombre adquirirá si logra penetrar, aunque sólo sea por unos instantes brevísimos, en tales cámaras; no sólo perderán entonces su cariz amenazador las cosas temporales, sino que producirán la impresión de estar llenas de sentido».

El emboscado abraza la trascendencia allí donde el cuerpo sin órganos refiere la inmanencia absoluta. No se trata de saltar de la nave, sino de llenarla de sentido a partir de las cosas que no se mueven. El emboscado no reniega de las significaciones y las subjetivaciones, sino que procura que tengan raíces sólidas.

El emboscado se sumerge en las profundidades de la historia, abraza lo que hay que valorar, actualiza lo que hay que modificar, desecha lo que no vale la pena recuperar. Esto es lo que debería llamarse libertad, que no tiene nada que ver con la «liberación».

Así, la emboscadura es cualquier cosa menos una aspiración a las comodidades, a las neutralidades y las indiferencias. El bosque no es advertido como un escondite, sino como un plano de resistencia. La resistencia no se plantea a su vez como lucha interior, como «autotransformación», sino como lucha cultural y política. El emboscado de Jünger es ilustrado como un defensor de la libertad, la propiedad, la familia y la patria. El destierro, la marginación e incluso la muerte son consecuencias que el emboscado sabe factibles. Pero nada de esto le importa realmente, porque prefiere cualquier cosa antes que la servidumbre. «La resistencia del emboscado es absoluta; el emboscado desconoce el neutralismo».

El emboscado es un rebelde que resiste. Está en desventaja, tanto numérica como económica y tecnológica. La mayoría de sus conciudadanos son realmente indiferentes, pero esa indiferencia se troca en apoyo al más fuerte cuando este sabe hacer uso de incentivos negativos y positivos. El indiferente es un lacayo del sistema. La otra cara de la indiferencia es la sumisión. También la pereza y la cobardía guardan una relación causal con la indiferencia. Pero el rebelde de Jünger supera los miedos, la sumisión, la pereza, el nihilismo, y se lanza a resistir poderes muy superiores a los suyos. No teme; y cuando teme, no se paraliza. Si se mueve con inteligencia y determinación, la victoria puede al final ser suya.

>> De este modelo debe beber la rebeldía de lo que en otro trabajo denominé «Nueva Derecha». Los emboscados de nuestro siglo se pertrechan en sus bosques, que van creciendo de a poco en la ciudad, en el campo, en las redes sociales, en las universidades, en las iglesias, en los cafés y las cervecerías.

Estos emboscados han empezado a multiplicarse con muy poco y contra demasiado. Los veo combatir con cuentas de Facebook, Instagram y Twitter, que son censuradas una y otra vez, pero que vuelven a crearse una y otra vez sin descanso. Los veo poniendo en práctica su creatividad a través de memes que ridiculizan al orden establecido, editando vídeos en canales desmonetizados de YouTube que siempre están al borde del tercer strike, componiendo música políticamente incorrecta en sus propias computadoras y luchando por subirlas en Spotify.

Los veo escribiendo libros que se publican como edición de autor, diseñando ellos mismos la portada, armando ellos mismos la maquetación, imprimiéndolos sin ninguna formalidad burocrática y arrojándolos a la postre como municiones pesadas de guerra en conferencias, seminarios y librerías alternativas. De hecho, también los veo organizando estas conferencias, pidiendo auditorios prestados porque el minúsculo presupuesto no alcanza para nada, promoviendo una difusión «boca a boca», luchando contra las amenazas de cancelación y la hostilidad de los medios hegemónicos.

Los veo organizando grupos disidentes en sus universidades, duplicando sus lecturas desde que decidieron leer la bibliografía que el profesor exigía, pero la otra también. Los veo debatiendo: con profesores, con compañeros, con amigos y enemigos. En la medida en que apuestan por una educación radical, también los veo ganando cómodamente esos debates. Los veo, como el emboscado de Jünger, exclamando: «Yo he dicho «no»», allí donde todos se arrodillaron a la corrección política y la cultura woke. Pero también los veo diciendo «si» a todo lo que esa cultura de pacotilla dice «no»: a la vida, a la familia, a la patria, a la propiedad, a la libertad. Los veo poniendo sus propios cuerpos para defender iglesias mientras feministas, debidamente protegidas por la policía, procuran incendiarlas.

Los veo defendiendo la propiedad pública y privada, defendiendo lo suyo y lo de los demás. Los veo tratando de armar partidos políticos nuevos, casi sin ninguna experiencia previa, sin más presupuesto inicial que las monedas que pueden sacar de sus propios bolsillos. Los veo, en muchos casos, llevándose gratas sorpresas electorales cuando logran perseverar. Los veo fundando think tanks, centros de estudios y medios digitales alternativos, que cada vez reciben más visitas. Los veo repudiando a drags que ingresan a los colegios, con bendición estatal, para liquidar la cabeza de los niños con la perorata de la «deconstrucción del género»Los veo marchando por los más indefensos de todos: los que aún no nacen.

Los veo haciendo campañas contra series y películas woke producidas por las corporaciones culturales. Los veo obteniendo victorias incluso contra Dinsey y su Buzz LightYear. Toda esta emboscadura, y algo más, es lo que está llenando de pánico a la progresía global.

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